Tira suavemente de una planta en una maceta y notarás que algo la sujeta al sustrato. Esa sujeción es solo una parte del trabajo de la raíz. Bajo tierra, este órgano explora, absorbe agua y minerales, almacena reservas en algunas especies y se relaciona con otros organismos. Lo que ocurre en la raíz puede influir en hojas, brotes y flores.
Una estructura que se ramifica
La raíz suele ser la primera parte del embrión que emerge durante la germinación. En muchas plantas se convierte en una raíz principal de la que nacen raíces laterales; en otras, el sistema está formado por numerosas raíces finas de tamaño parecido. También existen raíces adventicias, que nacen de tallos u otros órganos. Estas formas no son mejores o peores por sí mismas: responden a la historia de la especie, su modo de crecimiento y las condiciones del lugar.
En la unión entre tallo y raíz se encuentra el cuello. Desde ahí, el sistema radical puede extenderse en profundidad o cerca de la superficie, según la especie, el suelo, el agua disponible y otros factores. Por eso no conviene imaginar que todas las raíces crecen como una zanahoria recta hacia abajo. Muchas exploran lateralmente, y algunas se concentran en las capas superiores donde hay materia orgánica y oxígeno.

Infografía original para Jardinería Keiko.
La punta abre camino
El extremo de una raíz está protegido por una estructura llamada cofia. A medida que la raíz avanza entre partículas del suelo, la cofia protege los tejidos jóvenes. Detrás de ella se encuentra una zona de intensa división celular, donde se producen nuevas células. Más atrás, algunas de esas células se alargan y contribuyen a que la raíz aumente de longitud.
En una zona algo más madura se diferencian los tejidos y pueden aparecer pelos radicales. Son prolongaciones microscópicas de ciertas células de la epidermis, no raíces diminutas independientes. Su presencia aumenta la superficie de contacto con el suelo y facilita la absorción. A medida que la raíz envejece, muchos pelos desaparecen y se forman otros en zonas nuevas.

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Cómo absorbe agua y minerales
Las raíces absorben agua desde el suelo cuando existe una diferencia que favorece su entrada a las células. Los minerales suelen estar disueltos en el agua como iones. La disponibilidad de cada elemento depende de la humedad, la textura del suelo, su aireación y su pH, entre otros factores. Puede haber un nutriente en el terreno y, aun así, que la planta no lo pueda aprovechar con facilidad.
El agua que entra debe atravesar tejidos de la raíz hasta alcanzar el xilema, el tejido conductor que la lleva hacia las partes aéreas. El recorrido puede incluir el paso por las paredes celulares y por el interior de células. En la endodermis, una capa interna de la raíz, ciertas barreras ayudan a regular qué sustancias pasan hacia los tejidos vasculares. El detalle del recorrido varía con la especie y con la edad del órgano.
Una vez en el xilema, el agua puede ascender por el tallo hacia las hojas. La evaporación en estas últimas contribuye a generar la fuerza que mantiene el flujo. Por eso la raíz no trabaja aislada: el agua absorbida y conducida forma parte de una ruta que enlaza suelo, raíz, tallo, hojas y atmósfera.

Infografía original para Jardinería Keiko.
Diferentes estrategias para explorar
Las raíces principales y laterales pueden formar un sistema pivotante, con un eje dominante, como se observa en muchas plantas de hoja ancha. En numerosas gramíneas y otras especies se desarrolla un sistema fasciculado: abundan raíces finas con diámetros parecidos. En la práctica hay muchas variaciones y transiciones, y la arquitectura cambia según el suelo y la edad.
La compactación puede dificultar el crecimiento de las raíces y el movimiento del aire y del agua. Un suelo demasiado seco limita la hidratación; uno saturado durante mucho tiempo puede perder espacios con aire. La respuesta depende también de la especie: algunas toleran mejor los suelos húmedos y otras necesitan un drenaje muy bueno. Al cuidar una planta, es más útil atender a sus necesidades y al estado real del sustrato que aplicar una frecuencia fija para todas.

Infografía original para Jardinería Keiko.
Almacenar, sostener y asociarse
En ciertas plantas, las raíces engrosadas acumulan reservas que pueden utilizarse en otro momento. Otras producen raíces de sostén que ayudan a mantener firme el tallo, especialmente en ejemplares altos o en suelos poco estables. También hay raíces aéreas y raíces que participan en la respiración en ambientes anegados. Estas son adaptaciones concretas; no significa que toda planta las presente.
Muchas raíces conviven con hongos del suelo. En las micorrizas, el hongo y la raíz establecen una asociación cuya importancia depende de ambos organismos y del ambiente. Las hifas del hongo pueden explorar zonas del suelo que las raíces alcanzan con dificultad, y la planta proporciona compuestos de carbono al hongo. No todas las plantas forman las mismas asociaciones ni todas las condiciones favorecen la relación.
La raíz también interactúa con bacterias y otros organismos. Algunas asociaciones pueden contribuir a la nutrición; otras pueden causar enfermedades. Por eso conviene hablar del suelo como un ambiente vivo, sin asumir que todo microorganismo es beneficioso ni que todas las raíces dependen de una sola relación.

Infografía original para Jardinería Keiko.
Pistas para observar sin arrancar
Puedes aprender mucho observando la planta y el sustrato sin desenterrarla. Comprueba si el agua drena, cuánto tarda la superficie en secarse y si las hojas recuperan firmeza después del riego. Mira si el crecimiento nuevo es vigoroso y si la maceta parece quedarse pequeña. Cuando una planta necesite trasplante, el cepellón permitirá observar raíces con cuidado y sin romperlas innecesariamente.
Si aparecen hojas amarillas, marchitez o crecimiento lento, no concluyas de inmediato que falta fertilizante. El problema puede deberse al exceso o a la falta de agua, a raíces dañadas, a una temperatura inadecuada, a salinidad, a una plaga u otras causas. Observa dónde empieza el síntoma, si afecta hojas jóvenes o viejas y cómo evoluciona. Cambia una práctica cada vez y anota la respuesta; aplicar varios productos a ciegas dificulta saber qué ha ocurrido.
La idea clave
La raíz es un órgano vivo, ramificado y adaptable. Ancla la planta, explora el suelo, absorbe agua y minerales, y en algunas especies almacena reservas o cumple funciones especializadas. Su rendimiento depende tanto de la planta como de la estructura, la humedad y la aireación del suelo. Lo que sucede bajo tierra condiciona el funcionamiento de la parte visible.
En el próximo capítulo subiremos por la planta para conocer el tallo: cómo sostiene hojas y flores, y de qué manera conecta las raíces con los órganos que reciben la luz.

C. León Felipe, 7A, 1Izd
633623913