La profundidad correcta ayuda a que un árbol arraigue bien y evita problemas en el cuello y el tronco. Como norma general, localiza el ensanchamiento de la base del tronco (cuello o cuello de la raíz) y deja esa zona al nivel del suelo terminado o ligeramente por encima, según el tipo de suelo y el drenaje.
Antes de plantar
Retira con cuidado el contenedor o la envoltura y localiza el inicio de las raíces principales. Si el cepellón está cubierto de tierra por encima del cuello, descubre esa parte para identificar la altura real de plantación. No te guíes solo por la marca que dejó el sustrato en la maceta.
Prepara el hoyo
Haz el hoyo más ancho que el cepellón para facilitar la expansión lateral de las raíces, pero no más profundo que la distancia entre la base del cepellón y el cuello. La base debe quedar firme y sin tierra suelta que pueda asentarse después y hundir el árbol.
Colocación y relleno
Sitúa el árbol recto y comprueba la altura desde varios lados. Rellena alrededor con tierra adecuada, sin cubrir el cuello ni apisonar en exceso. Riega para asentar el suelo y añade más tierra si se producen huecos, manteniendo visible el ensanchamiento basal.
Comprobación posterior
Deja el acolchado separado del tronco y evita formar un montículo que lo cubra. Vigila el asentamiento durante las primeras semanas: si el árbol se hunde, corrige la causa cuanto antes. En suelos pesados o encharcables puede ser preferible plantar ligeramente elevado y mejorar el drenaje; adapta siempre la profundidad a la especie y a las condiciones del terreno.

C. León Felipe, 7A, 1Izd
633623913